”Hemos aprendido a convivir con naturalidad nuestra decadencia”

JORGE DÍAZ MARTÍNEZ- Por Ariel Brizuela.

“Bienvenida la invitación a participar en este desafío de soñar una nueva Catamarca. Era ya impostergable que nos pongamos a reflexionar acerca de los temas fundamentales que plantea una nueva etapa en nuestra provincia”, Jorge Díaz Martínez no le esquiva al desafió de re-pensar un nuevo tiempo y en esa reflexión se mete de lleno a partir de una contemplación de lo que nos pasa hoy.
“Nos viene sucediendo a los catamarqueños algo más grave que la propia persistencia de nuestros dramas cotidianos. Hemos aprendido a convivir con naturalidad nuestra decadencia institucional, económica, y social”, emite su veredicto.
“La persistencia en el tiempo de esta especie de resignación multiplica los temas que deberíamos abordar para desandar el camino. Por mi parte me permito seleccionar lo atinente a algunos requerimientos básicos para una nueva organización económica de Catamarca, aspectos que considero relevantes y primordiales para articular todas aquellas variables que puedan hacer ‘una provincia diferente, en lo político, en lo turístico y productivo’, parafrasea los objetivos que catamarcaeXperience propone.
Este hombre con profundas raíces catamarqueñas, arraigadas en las entrañas de Los Ángeles, señala que los catamarqueños “carecemos de, entre otras, tres cuestiones decisivas. Una de ellas es la incultura de nuestros dominios”.
“Aproximadamente el 60 por ciento de nuestro territorio carece de las condiciones técnicas y jurídicas para ser factor de la economía provincial. Salvo lo avanzado en la zona del Este a la luz de la eclosión tecnológica, financiera y comercial de los cultivos de soja, maíz y otros granos, el resto de la geografía provincial permanece inculta en lo jurídico y económico. Todos estamos de acuerdo. Informes técnicos, estudios científicos de la UNCa, capítulos íntegros de las plataformas partidarias, se vienen sucediendo durante décadas y décadas sobre esta cuestión y aún permanece sin miras de resolución”, expresa.
Y con picardía añade para graficar el cuadro de situación: “El mentado saneamiento de títulos es como el calor de los días de enero, sabemos que es algo inevitable pero lo comentamos diariamente como si fuese una novedad”.
Y al analizar las barreras que esa situación impone, alega que “el que no puede exhibir su titulo de propiedad, no puede ser sujeto de crédito, tampoco beneficiario de programas -que los hay- de apoyo o reconversión productiva, no puede transferirlo por título de vivos o por causa de muerte, es en definitiva –este tema- una de las fotos de nuestra decadencia”.
“El desafío entonces es que un grupo de hombres de Catamarca nos lancemos al sueño de sanear las montañas y las grandes extensiones semiáridas con características mayoritarias de nuestro habitad, para definir unidades económicas insertas en grandes programas estratégicos de producción que pueden ser colocados en los mercados de valores para generar instrumentos de financiación -incluido el mercado de capitales internacionales- ávidos de otras alternativas en la Argentina que no sean las inversiones inmobiliarias de Puerto Madero o estancias en la Patagonia”.
Expone que “lo que hasta hace poco tiempo parecía irrealizable, hoy ya no lo es, la tecnología actual y la diversidad de herramientas financieras nos ponen la solución al alcance de la mano. A ello debemos agregar que el estado de indivisión de nuestro patrimonio inmobiliario, por su extensión, nos permite pensar en mecanismos de conciliación de intereses, entre los derechos que liberen los conflictos propios del condominio”.
Y cita ejemplos a imitar como “Israel, España y otras tantas naciones que resolvieron hace años esta misma cuestión, por lo que contamos finalmente con experiencias modernas para alumbrarnos el camino”.
Y tienta con las ventajas de encontrar la salida a esta traba: “El estado no debería permanecer indiferente a este sueño, triplicar la recaudación o impuestos inmobiliarios, igual o superior incremento en el impuesto de sellos, aumento descomunal de la percepción de ingresos brutos, que provocara la eclosión de operaciones inmobiliarias y financieras, y demás derivaciones tributarias y económicas, No es algo menor para una administración que no le sobra nada”.

La informalidad de nuestra economía
La otra carencia decisiva que remarca en su razonamiento es la informalidad de la economía catamarqueña, “transcurridos ya más de 14 años de explotación de La Alumbrera y quizás a menos de 10 años de su cierre definitivo, todavía seguimos discutiendo cómo hacer para aprovechar las ventajas de una inversión de semejante dimensión”.
“Me adelanto a señalar que la informalidad de nuestra organización económica nos excluye de manera contundente de toda posibilidad de participar en el ciclo económico que se deriva de la actividad de los grandes yacimientos mineros. No discutamos más. Si no podemos superar los requerimientos elementales de programas de selección de proveedores de toda empresa medianamente importante; esto es, posición de ganancias, comprobantes de los últimos 6 meses de IVA y constancia de pagos de cargas sociales, la computadora, no el imperialismo, -aclara socarronamente- habrá de rechazarnos, sin que esta dificultad la pueda resolver la política”, agrega.
Y profundiza aún más la apreciación cuando ve que “la contratación no es menos grave. Un pequeño o mediano empresario emprendedor que se formalice con miras a ser proveedor de una gran empresa, sino consigue un contrato en el lapso de 6 meses se funde”.
“En este esquema la fastidiosa música de que el beneficio es la eclosión de una economía local que puede producir la gran minería, constituye una falacia. Lo es también la propuesta de obligar a proveedores nacionales o internacionales a organizar “la oficina local “porque en ese caso no habremos de avanzar más allá del alquiler de un pequeño local, un teléfono y una secretaria”, añade con cruel realismo.
Marca como camino el “desarrollar un programa coherente y generalizado de formalización de la pequeña y mediana empresa, sumado a la estructuración de un régimen del “socio local”, esto es, la exigencia de que los grandes proveedores deban contar con una empresa local asociada para poder cotizar con los requerimientos de bienes y servicios de la explotación de nuestros yacimientos”.
“No contamos –por ejemplo- con ninguna empresa local que pueda competir frente a PETROBRAS, SHELL, u otras transportadoras y distribuidoras de combustibles por la escala que plantea este negocio. Pero sí es posible organizar la selección del proveedor otorgando puntaje adicional a quien cuente con una empresa local asociada. Esto sólo ya cambia el panorama, porque contaríamos localmente con importantes estructuras de recursos humanos, logística y demás variables que hoy entran y salen de la provincia, sin ningún beneficio para nuestra economía”.

La falta de crédito
En el transcurrir de su detallada observación, marca que “otro desfase de nuestra organización económica es la falta de créditos, que si bien es una cuestión de características nacionales, se acentúa en nuestra jurisdicción, por la simetría que genera la totalidad de las variables que componen este sector. Repárese simplemente que la velocidad del circulante es en Catamarca al menos 23 menor a la que se verifica en provincias como Córdoba”.
“Sin embargo, la dificultad central radica en la actual política financiera, donde las entidades tanto públicas como privadas, o tienen estructuras de análisis de riesgo, razón por la cual el único crédito disponible es para la vivienda con garantía hipotecaria y la compra de automotores mediante prenda”, agrega.
Pero vislumbra soluciones a este problema: “Llegamos hacia el punto donde Catamarca puede constituir un ejemplo en el concierto nacional si se anima a financiar el análisis de riesgo para sus empresas locales mediante la organización de un programa por el que se estructura un registro de consultoras de riesgo PYMES -que podría depender de la ALAC- y convenios con los bancos de plaza no sólo para admitir estos análisis, sino para que ellos mismos sugieran qué aspectos de las empresas deben ser analizados en función del riesgo crediticio”.
“El estado con un mínimo esfuerzo presupuestario –sin descartar la posibilidad de la provisión de estos fondos por organismos internacionales, como el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Fomento- podría resolverles a nuestros pequeños empresarios el acceso al crédito y fundamentalmente diseñar líneas de asistencias a nuevos proyectos o nuevas empresas que habrá de constituir el motor del incremento del nivel de actividad en nuestra economía”, explica.
Y comparte su deseo: “Podríamos soñar entonces que, por este u otros caminos alternativo, llegará el día donde los catamarqueños engrosaremos las colas de los bancos para manejar nuestras cuentas corrientes, y no para percibir un insuficiente y denigrante aporte estatal a la indigencia”.

Jorge Díaz Martínez
Ministro de Gobierno (Periodo 1984/1985). Diputado provincial (Periodo 1985/1989). Presidente Cámara de Diputados de la Provincia (Periodos 1987/8/9). Vicepresidente Ejecutivo BANCO NACIONAL DE DESARROLLO (Periodo 1989/1990). Secretario de Interior – Ministerio del Interior (Periodo 1990/1991). Diputado Nacional por la provincia de Catamarca (Periodo 1993/1997).

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